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martes, 6 de noviembre de 2012

Por fin


Tras más de siete largos años de espera, el Tribunal Constitucional ha fallado contra el indigno recurso presentado por el PP contra el matrimonio homosexual. Ocho magistrados a tres, goleada de una justicia liberal y democrática contra los resquicios de la carcundia judial.

Siete años de dudas, de incertidumbre, de pesares, por el intento de acabar, de pisar los derechos de las personas con una orientación sexual distinta, pero natural como la vida misma.

Ese sector retrógrado, meapilas y anticonstitucional (y que sin embargo apela a la Constitución como si fuera la misma Biblia que tanto veneran) que pulula en el PP y al que el (¿cómo definirlo?, no sé, impresentable quizá) presidente del partido en ese momento, Mariano Rajoy, intentó contentar, puede volver a refugiarse en sus cavernas con su putrefacta nostalgia fascista.

Y sé que hay mucha gente en el PP que estaba a favor del matrimonio homosexual, pero únicamente opinaban, no tenían poder para revocar esa triste decisión de Rajoy... ¿Y qué decir de la jerarquía eclesiástica, de Rouco y compañía? ¿Y las peras y manzanas de la enchufada Ana Botella? Un tufo rancio y homofóbico.

Hoy es un gran día para la democracia en España y, por ende, para los derechos universales. Y para todo el colectivo LGBT.

Y siempre, siempre, les estaré agradecido a López Aguilar, ministro que presentó la ley, y a Zapatero, por supuesto.

lunes, 29 de agosto de 2011

España: Paradojas católicas, por Antonio Muñoz Molina


El prestigioso narrador y articulista Antonio Muñoz Molina ha publicado este artículo en el diario alemán Die Zeit y en su web oficial con fecha de ayer y como comparto todas y cada una de sus palabras, me tomo la libertad de reproducirlo:

"Mi madre es una mujer católica de 81 años que cada noche, antes de dormir, le reza a Dios por cada uno de los miembros de su familia, los vivos y los muertos, procurando no olvidarse de ninguno. Mi madre, que nació en una familia campesina y tenía seis años cuando empezó la guerra civil, fue muy poco tiempo a la escuela y pasó su juventud bajo la hegemonía indisputada de la propaganda franquista y el integrismo católico. Pero, como muchas personas de su generación, sobre todo mujeres, con la llegada de la democracia asistió a la escuela nocturna y se fue haciendo una mentalidad muy abierta. Ahora lee mucho, sobre todo novelas –entre ellas, las que escriben su hijo y su nuera- y aunque conserva intacta su fe siente un rechazo instintivo hacia el Papa y no se ha molestado en conectar la televisión para ver alguno de los programas larguísimos que se han dedicado a su visita. Mi madre, tan católica, asistió hace años con plena emoción a la boda civil de su hijo recién divorciado, y ahora recibe con naturalidad en su casa al compañero de su nieto gay, y cuando sabe que van a venir a verla les prepara uno de los dormitorios con cama grande. Y estoy seguro de que si ese nieto decide casarse, mi madre asistirá a su boda con algo de descocierto íntimo, pero también con perfecta desenvoltura, con esa nueva mundanidad que es uno de los síntomas del cambio formidable que ha vivido España desde los años setenta.

Cuando se quieren calibrar cambios se piensa en los jóvenes. Pero en España quienes más y mejor cambiaron en el tránsito de la dictadura a la democracia fueron muchas personas mayores, padres y abuelos, abuelas y madres, gente que sufrió el peso cruel del miedo y del adoctrinamiento durante muchos años y sin embargo, cuando llegó la hora de votar por primera vez, votó tranquilamente a la izquierda, y aceptó que sus hijos se casaran por lo civil o vivieran juntos sin casarse o se divorciaran, y mantuvo las redes de solidaridad familiar ocupándose de los nietos, dando refugio a los hijos cuando se separaban, volviendo a aceptarlos cuando perdían el trabajo.

No sé cuántos católicos se parecen a mi madre en la España de ahora, capaces de ir tranquilamente a una misa y a una boda homosexual, de rezar a Dios cada noche por los vivos y por los muertos y de votar luego a la izquierda. Lo que sí sé es que cada vez van a ser menos visibles, y que la visita del Papa de estos últimos días va a reforzar una identificación ya muy acentuada entre la iglesia católica y la derecha y la extrema derecha españolas. Ahora mismo, si se presta atención a los medios conservadores, el éxito multidinario de la llamada JMJ –Jornada Mundial de la Juventud- ha sido a la vez un desquite contra la supuesta hostilidad al catolicismo alentada por el gobierno socialista durante estos siete últimos años y un anticipo de la victoria del Partido Popular en las elecciones de noviembre. En uno de esos canales de televisión que se dedican en exclusiva a alentar el delirio ideológico, a la manera de Fox News en Estados Unidos, escuché ayer mismo a un comentarista decir que en estos últimos años “se puede hablar de una persecución de la Iglesia católica en España”.

De lo que se puede hablar más bien es de una triste serie de oportunidades perdidas. El gobierno de Zapatero enfureció a la Iglesia con una renovación de la ley del derecho al aborto equiparable a la de cualquier país europeo y con la legalización del matrimonio homosexual, y la derecha política se apresuró a hacer causa común con la jerarquía eclesiástica. La derecha buscaba debilitar al gobierno de cualquier manera, y en los últimos años se ha dedicado a cultivar a su clientela más extremista. En cuanto a la Iglesia, su activismo político está motivado por un intento de compensar la pérdida acelerada de su presencia social. La inmensa mayoría de los españoles reciben el bautismo católico, por una especie de inercia cultural, pero el número de los que se declaran creyentes ha ido disminuyendo de manera regular a lo largo de los años, y la asistencia regular a la misa del domingo no supera el doce por ciento. Una paradoja de la España de ahora es que la visibilidad de los símbolos exteriores de la religión católica encubre una secularización que asombra más por la rapidez con la que ha sucedido. Mucha gente se casa por la iglesia, celebra con gran boato las comuniones de sus hijos y asiste en primavera a las procesiones de la Semana Santa. Pero esa misma gente no va nunca o casi nunca a misa y se divorcia y usa el preservativo y acude cuando le hace falta a una clínica abortista. Y la fuerza misma de la familia española actúa a favor de la tolerancia sexual. En Nueva York tengo amigos a los que sus padres, evangélicos rigurosos, retiraron el saludo o expulsaron de casa al saber que eran homosexuales. En España a un hijo o a un nieto se le acepta incondicionalmente, sobre todo en las clases populares: por eso en la gran transformación de las costumbres españolas la audacia de la gente más joven se ha correspondido en este años con la sorprendente liberalidad de muchos viejos.

Las leyes, en España, han ido por detrás de los hábitos sociales. Pero el peso tremendo del pasado ha seguido actuando con más eficacia de lo que parece. Los comentaristas de derechas claman contra el gobierno de Zapatero como si hubiera traído la revolución social y la persecución del catolicismo, pero si algo ha caracterizado a este hombre ha sido su frivolidad y su afición a los gestos cosméticos por encima de los proyectos rigurosos. A Rodríguez Zapatero le gustaba declarar que era “un rojo”, rescatando innecesariamente un término con resonancias sombrías de la guerra civil, pero su política fiscal de estos años no ha rozado siquiera los privilegios de los más ricos. Este gobierno supuestamente anticatólico ha continuado sosteniendo con dinero público a la Iglesia, y subvencionando al cien por cien sus centros educativos, en un país donde la escuela pública está cada vez más desasistida. Y casi cuarenta años después de la muerte del tirano que entraba bajo palio en las catedrales, las autoridades civiles de la democracia continúan asistiendo a los desfiles y las ceremonias de la iglesia católica, y los ministros juran sus cargos delante de un crucifijo. En este afán por figurar en las solemnidades religiosas son idénticos los políticos de izquierda y derecha, los centralistas españoles y los independentistas catalanes o vascos: con idéntica desvergüenza cultivan un populismo que sin duda les dará algunos votos, pero que tiene un efecto corruptor sobre la conciencia de la ciudadanía al hacer borrosa la separación entre la Iglesia y el Estado, y al privilegiar a una confesión religiosa sobre todas las demás, y sobre el derecho de quienes no pertenecen a ninguna.

A quienes conocimos la obscena complicidad de la jerarquía eclesiástica con la dictadura de Franco nos da miedo, estos días, la creciente vehemencia católica de la derecha, que se ha desatado sin ningún disimulo durante la visita del Papa: la identificación agresiva de lo español con lo católico y lo vaticano, el proselitismo escandaloso de medios informativos que por ser públicos deberían ser neutrales y se han convertido durante dos semanas en aparatos de propaganda sectaria. En esos medios oficiales, y en los periódicos conservadores, el millón o millón y medio de jóvenes que vitoreaban al Papa se han presentado como la antítesis luminosa de esa otra juventud reivindicativa y desaliñada que un poco antes ocupaba el centro de Madrid: los unos, alegres, saludables, rezadores; los otros sucios y promiscuos. Esa división radical entre los unos y los otros sin duda va a acentuar en el futuro la temible dificultad española para lograr lo que ahora mismo más nos hace falta, una base de concordia que nos permita hacer frente con alguna posibilidad de éxito a la situación desastrosa en que nos encontramos. Pero llevamos tanto tiempo viviendo en el delirio –la falsa prosperidad, la burbuja de la construcción, el fracaso educativo, la obsesión por el pasado lejano- que no es probable que la marcha del Papa y la de su millón de peregrinos nos devuelvan a la realidad.

En cuanto a mi madre, sigue con sus rezos, y no olvida decirme cuando la llamo por teléfono: “Hijo mío, a mí este Papa con tanto lujo no me gusta”. Y se acuerda del poco boato con que entró Jesús en Jerusalén."

jueves, 13 de mayo de 2010

Camps y Zapatero



No va a irse de rositas el President Camps por el tsunami del anuncio de ayer de Zapatero. Tras la apertura del proceso por parte del Supremo, tiene la poca vergüenza de decir que lo de los trajes no es cierto "porque no va a venderse por tres trajes". Y eso es lo que nos tememos, que los tres trajes sean la punta del iceberg de lo que la gentuza de la Gürtel untó a Paco Camps, "presuntos" corruptos con los que se quería "un huevo" (hay que recordarlo); en las grabaciones también se oía cómo la esposa de Camps agradecía los regalos de "el Bigotes" y que se había pasado (¿qué coño le regalaría?).

Seguro que Camps miente ahora, como imaginamos que mintió cuando presentó su patrimonio, mucho más raquítico que el de cualquier ciudadano normal de la Comunidad Valenciana. ¿En qué paraísos fiscales se encontrará la "pastuqui"?

Y bueno, aunque soy socialista debo continuar diciendo que Zapatero se ha equivocado, ha tirado por la línea de lo fácil y seguro que vienen más medidas impopulares (¿subida del IRPF?), que pagaremos los de siempre (el gran capital ni tocarlo, claro, ni a los hábiles defraudadores). Y encima no me consuela pensar que con Rajoy sería peor, que ya hubiera tocado a los parados y recortado prestaciones...



miércoles, 12 de mayo de 2010

Zapatero y Camps


Vaya día. Nos desayunamos casi con la intervención de Zapatero en el Congreso de los Diputados, anunciando unas medidas restrictivas que, en lo que me toca, no comparto.

El Gobierno ha tirado por el camino fácil, de ir quitando cosas que había dado generosamente (demasiado), como el cheque bebé, bajando el sueldo a los funcionarios una media del 5% y congelando las pensiones y el suelo disminuido de los funcionarios para el año que viene, entre otras medidas.

No se ha atrevido a meterle mano a las SICAV, esas sociedades de inversión donde se esconden las grandes fortunas; no se ha atrevido a ir contra el fraude fiscal de una manera decidida, con más inspectores buscando bajo las piedras (literalmente) el dinero que hábilmente se defrauda a todos los españoles; no se ha atrevido a subir impuestos a los que más ganan, sino a fastidiar a colectivos que no son, en contra de lo que piensa mucha gente, "privilegiados". Pero vamos a ver, ¿los funcionarios mileuristas han de pagar la crisis? ¿Se quita el cheque bebé para todo el mundo, para los que están en paro también, para las parejas donde trabaja una persona nada más?

Me temo que Zapatero ha resbalado en esta ocasión y si no, al tiempo.


Y bueno, al mediodía se conoce la noticia de que el Tribunal Supremo reabre la causa de Camps y sus trajes, ésa que cerró el TSJV presidido por el "más que amigo" del President valenciano. Éste no llega vivo a las elecciones (políticamente).

¿Por qué no paga esta gente la crisis? ¿Cuánto dinero público se ha dilapidado en fastos grandiosos y en comisiones subterráneas? Tanto alto cargo, del PP y también del PSOE y otros partidos, que han estado robando al erario público lo que ahora nos van a descontar a los funcionarios honrados...


domingo, 5 de abril de 2009

Nuevo Gobierno


Parece ser que Zapatero, que hoy ha estado con Obama, tiene en la recámara una inminente crisis de Gobierno, y que Pedro Solbes deja la Vicepresidencia económica (ya lo había pedido él) y que la nueva Vicepresidente del ramo será Elena Salgado, hasta ahora Ministra de Administraciones Públicas. Y también habrá otros cambios, como la entrada de dos pesos pesados del partido, Manuel Chaves y Pepe Blanco... Está visto que se le quiere dar un perfil más político a este nuevo Gobierno, pero creo que junto a estos dos últimos, también debería haber alguna apuesta por valores jóvenes, como Trinidad Jiménez o Pedro Zerolo, por poner un par de ejemplos.

En fin, que la cosa sea para bien.

martes, 3 de marzo de 2009

Presi, ¿en qué estabas pensando?



¿En qué estaba pensando nuestro Presidente, Zapatero? Anda que no vas a tener juerga con el lapsus... "Un acuerdo para estimular, para favorecer, para follar".