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jueves, 13 de febrero de 2014

Para leer: Desde el vestíbulo de un hotel, de Tomás Mazón


 En este tiempo de convalecencia en el que me encuentro (operación de menisco, para quien no lo sepa), he podido deleitarme con la lectura de un libro de memorias del profesor de la Universidad de Alicante Tomás Mazón, compañero y amigo. 

 La obra se titula Desde el vestíbulo de un hotel. Esplendor y decadencia de esta actividad turística, publicada en 2013. Se trata de un compendio de recuerdos, anécdotas y análisis del autor de los casi treinta años que estuvo trabajando en diferentes hoteles alicantinos, primero como botones y después como recepcionista. 

 La semblanza de época y personajes es admirable y clarificadora; la presentación tanto de sujetos anónimos y de celebridades como de las peripecias por las que tuvo que pasar y que jalonan el volumen, desgranando las cosas buenas y malas de la profesión en esos tiempos, la deshumanización del sector hostelero con el paso de los años, la nula iniciativa de los propietarios de los hoteles para modernizar servicios, los errores garrafales políticos en el tema, el ambiente social, cultural y empresarial del Alicante de antaño… 

 Y todo ello contado con un estilo fresco, sencillo y socarrón, como antes lo hiciera mi apreciado y ya fellecido Fernando Gallar desde el ámbito de la gastronomía y la restauración.

 Un libro que todo estudiante de Turismo debería tener en su mesilla de noche y no sólo ellos, sino que es de lectura apetecible para cualquiera; se disfruta rápidamente, por la agilidad con la que está compartimentado y lo interesante de su contenido.

domingo, 2 de octubre de 2011

Leer



De toda la vida me ha gustado leer. Durante un invierno no asistí al colegio (tendría cinco años o quizá seis y mi madre se esforzó por enseñarme a leer y escribir y hacer sumas y restas y total, cuando me reincorporé a clase destacaba sobre mis compañeros, por el interés puesto por mi madre). Comencé muy temprano con los tebeos, Roberto Alcázar y Pedrín, Purk el Hombre de Piedra, El Guerrero del Antifaz, El Jabato, El Capitán Trueno, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y demás personajes Bruguera. De ahí salté a los comics Vértice, los superhéroes, Los Vengadores y los Cuatro Fantásticos sobre todo. También leía clásicos de la literatura ilustrados y libros de Julio Verne o de otros autores de aventuras; incluso me tragué un buen tocho de la Biblia ilustrada. Todo ello antes de llegar a la adolescencia, off course.

A mi madre le gustaba leer y también escribir. Yo me leía todo lo que ella plasmaba, en bolígrafo o lápiz, en un papel. Gracias a ella se despertó en mí, a la edad de trece años, la curiosidad por la escritura, componiendo unos versos espantosos pero que abrieron la espita de mi interés posterior.

En el instituto se veía venir, yo era lo que algún gilipollas suele llamar "rata de biblioteca"; la de mi centro educativo, el Jorge Juan, era un sueño para mi curiosidad, ya que además de los libros de lectura o texto recomendados a los alumnos, atesoraba una colección de libros antiguos impresionante, adjetivo que también serviría para la biblioteca particular del escritor Miguel Martínez Mena, que yo ayudaba a mantener en orden (misión prácticamente imposible, por cierto).

En esa misma época empecé a estudiar Filología Hispánica, en el ya lejanísimo año 1984 (¡ay, cómo pasa el tiempo!), pero la diosa Fortuna quiso que mi destino no fuera el por mí elegido, sino otro bien distinto y del que estoy muy orgulloso: vi una oportunidad para comenzar a trabajar en la Universidad, la pillé al vuelo y dentro de un mes cumplo un cuarto de siglo en esa institución, mi segunda casa, como bibliotecario.

Abandoné Filología un par de años más tarde para dedicarme a trabajar y vivir, ya que con 23 años estaba en la flor de la vida y, culo inquieto y fiel a mi lema ("la cuestión es no parar"), hice muchas cosas, conocí mucha gente (alguno ha quedado impreso en mi vida como amigo), tuve bastantes relaciones (ejem), me mudé varias veces de casa y así hasta hoy. ¿Y todo este rollo, para qué?

Nunca he dejado de leer. He coleccionado comics hasta hace unos pocos años (pero aún me compro alguno de vez en cuando), novelas, libros históricos, poesía, libros de cocina, prensa: no me veréis meterme en la cama y quedarme dormido si antes no intento leer algo (depende del cansancio, leo o me quedo torrado al poco). Y ahora he retomado Filología, antes de que me pille el cambio a grado, y no doy abasto con las lecturas obligatorias y las recomendadas... Y yo tan a gusto, por cierto.


lunes, 18 de mayo de 2009

Murió Benedetti

Ha muerto el escritor uruguayo Mario Benedetti, a los 88 años. Comprometido con su país y su época, tenía una gran ligazón con Alicante y su Universidad, que tiene un Centro de Estudios con su nombre y le nombró Doctor Honoris Causa en 1997. Descanse en paz.

Benedetti con el equipo rectoral de Andrés Pedreño